ALL-STAR / ALL-STAR WEEKEND 2011

Blake Griffin vence en el Concurso de Mates con una serie decepcionante

JaVale McGee fue el más original, pero no planificó bien el concurso

DeRozan puso el clasicismo y la plasticidad e Ibaka fue minusvalorado

hispanosnba.com |

La foto la verán en cualquier rincón del planeta. Blake Griffin sobrevolando un flamante vehículo de cara a lograr su último mate anoche en la competencia de volcadas del All-Star, que ganó. Puro 'marketing'. En realidad, las expectativas eran tan altas que Griffin decepcionó.

Incluso resulta cuestionable su triunfo ante JaVale McGee, el jugador más imaginativo y original (genial la actuación de su madre) del concurso con notable diferencia, pero al que le pesó su mala planificación, ya que causó el asombro en sus primeros mates y dejó para el final su mate más mundano.

Eso sí, el concurso mereció la pena aunque sólo fuera por ver la chaqueta que llevaba el inigualable Darryl 'Baby Gorila' Dawkins, jugador rompetableros de la década de los 80.

Primera ronda

La primera ronda nos dejó a McGee con 99 puntos (50+49) y a Griffin con 95 (49+46) como finalistas y a DeRozan con 94 (44+50) e Ibaka con 90 (45+45) como jugadores eliminados. Fue una más que interesante e imaginativa primera vuelta en la que, si me apuran, Griffin pudo ser eliminado.

Escama un poco el resultado final. Griffin requería 46 puntos para ser finalista e hizo un segundo mate más bien discreto. Casualmente, los miembros del jurado, nada sospechoso por su calidad, le dieron 46 puntos y dejaron fuera a DeRozan. Ese jurado tenía en sus filas a históricos sin tacha como Julius Erving o Dominique Wilkins.

Esta primera ronda tuvo como estrella indiscutible a JaVale McGee, un 2,13 con gran coordinación y salto prodigioso tendente a la ensoñación, a creer que puede hacer cosas imposibles... lo peor es que el chico, de vez en cuando, las hace.

Su imaginación resultó estimulante. En su primer mate, hizo sacar una canasta y la puso al lado de la ya existente y con los dos tableros colocados juntos ¡tomó dos balones y los metió en las dos cestas, bien distantes una de otra!. Sencillamente, espectacular. En el segundo, mucho más sencillo que ese gran reto inicial, hizo una volcada con tres balones, los dos que llevaba en la mano y el que le suministró con un pase su compañero John Wall.

En esta ronda inicial, DeRozan puso el clasicismo y la plasticidad en el aire, elevándose bastante; Ibaka puso la dificultad y ejecución exacta -mal considerada por el jurado-; y Griffin puso el nombre, sin que ello implique que no hiciera buenos mates. La estrella de los Clippers realizó una muy buena colgada inicial con giro de 360 grados, pero el segundo, el que le valió pasar, lo tuvo que cambiar sobre la marcha porque se le acababa el tiempo y fue sobrevalorado. El espectáculo debía continuar.

Ibaka, por su parte, hizo una primera volcada saltando desde el tiro libre, desde lejísimos, pero a la que le faltó potencia en la culminación y fue ninguneado en su segundo mate, en el que atrapó con la boca un muñeco situado junto al aro.

La gran final

La gran final Griffin-McGee, siendo buena, resultó algo decepcionante. En este momento del concurso, la decisión estaba en manos del voto popular, que se decantó por Griffin.

El error de McGee fue empezar con su mate más imaginativo, original y dificultoso, por lo que fue de más a menos. En la final, su primera acción fue, tal vez, la de más calidad pura de la noche, un mate a aro pasado calcado al que le diera el título hace muchos años a Kenny 'Sky' Walker, aquel jugador de los Knicks que terminó jugando en España. Lo malo fue que el mate con el que terminó su participación fue el más discreto de los cuatro que hizo.

Mientras, Griffin (el mejor matador NBA a día de hoy) hizo un gran primer mate, reeditando el que hiciera hace años Vince Carter, aquel en el que el jugador mete el brazo hasta el codo en la canasta. Y tuvo la habilidad de dejar para el final su ejecución más mediática, la más efectista, que no la mejor.

Colocó bajo canasta un flamante coche y en el centro de la pista a un gran coro de gospel. Las bases mediáticas estaban sentadas: foto perfecta. Desde dentro del coche, por la apertura del techo, Baron Davis lanzó el balón y Blake Griffin -saltando por la parte del motor- lo agarró y lo incrustó en la canasta. Quedó muy espectacular, pero en realidad la dificultad de la acción era normalita para Griffin, más aún cuando algún jugador con mucho menos nombre que Griffin ha saltado ya algún coche por su parte más alta. Hoy, Griffin copa todas las portadas. El coche, Griffin, el trofeo, el Staples a rebosar. Todo tan perfecto. Pura mercadotecnia NBA.