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Héctor 'Pepito' Romero, el eterno candidato a la NBA

hispanosnba.com | sábado, 05 de julio de 2008

Hace un par de años en un foro le preguntaron al prestigioso analista de la ESPN y ex entrenador de la selección de Puerto Rico, Carlos Morales, si el venezolano Héctor ‘Pepito’ Romero tenía aún la oportunidad de recalar en la NBA. Y Morales respondió: “Sin duda, ‘Pepito’ Romero es un jugador con mucho talento y creo que dentro de poco lo veremos en un equipo de la NBA”.

Un año más tarde, en septiembre de 2007, José Rubicco, periodista de El Universal, entrevistaba al propio Romero y concluía su entrevista del siguiente modo: “¿Y la puerta de la NBA, sigue abierta?”. A lo que el ala-pívot criollo de 2,02 de estatura contestó con un esperanzador “más que nunca. Es cierto que ahora muchos de los clubes tienen sus rosters completos, pero nunca se sabe. He hablado con mi agente y las posibilidades están allí. Puede haber sorpresas”.

Héctor Orlando Romero Rivas, más conocido como ‘Pepito’ Romero, ya ha cumplido 28 años y la sorpresa no llega. Acaba de proclamarse campeón de la Lega A de Italia con el Montepaschi Siena, con el que también ha llegado a la Final Four de la Euroliga, pero su sentido de la provisionalidad no cesa.

Tras terminar una exitosa carrera universitaria con New Orleans, su recorrido ha sido exitoso, pero ciertamente no le ha dado ni un solo respiro. Israel, Grecia, España, Italia han sido sus mejores destinos, pero no ha faltado el purgatorio en forma de una Liga de Desarrollo de la NBA que no fue el trampolín esperado y el infierno de la liga coreana de baloncesto, sin duda su momento más bajo.

En medio de ese itinerario incesante siempre ha estado el equipo de su tierra, el Marinos de Anzoátegui, ya que el nació en Barcelona, que pertenece a Anzoátegui. Allí ha jugado de forma intermitente en los últimos años.Y ahora, tras su paso por Italia, todo apunta a que Romero está muy cerca de volver a vestir la elástica de su equipo del alma.

Fue allí, en el pabellón del Marinos, donde vio en su infancia los primeros partidos de baloncesto. Allí tejió sus primeros sueños, los sueños de un niño que de mayor quería jugar en el equipo de su tierra, sin mirar más lejos. Porque ‘Pepito’ Romero cuando era infante quería ser como ‘Cheíto’ Ramos o ansiaba alcanzar el juego de Harold Keeling. La NBA no entraba entonces en su vocabulario.

Poco después empezó a jugar al baloncesto. Tenía 9 años. Su motor no fue otro que su propio hermano Oliver, que ya jugaba por entonces en la selección de Anzoátegui.

Fueron años felices, previos a la adolescencia, una adolescencia marcada por el basquetbol, ya que el pequeño Héctor jugaba al baloncesto todo el día, tal y como reconoció años después cuando aseguró que “mi familia me tenía que ir a sacar de la cancha”.

A los 16 años era un palillo, nada que ver con el corpachón musculado de hoy en día. Por aquellos tiempos el joven Romero ya jugaba muy seriamente al deporte de la canasta hasta tal punto que militó en las categorías inferiores de la selección venezolana.

Camino de Estados Unidos

Llegó su etapa universitaria y Héctor Romero recibió una buena cantidad de ofertas de Estados Unidos, decantándose por New Orleans, una universidad de la mejor división de la NCAA. Y fue allí donde firmó algunos de sus años más gloriosos y cuando estuvo verdaderamente a punto de cumplir su gran sueño de jugar en la NBA.

Sus 4 temporadas en los Privateers, universidad integrada en la Sun Belt, fueron antológicos. El ala-pivot venezolano firmó unas estadísticas impresionantes instalado habitualmente en los 20 puntos y los 10 rebotes, y cuando todo parecía de color de rosas llegó la catástrofe. En el momento más inoportuno, cuando no quedaba escapatoria alguna.

En su último año de estudios, el cuarto, y cuando todo parecía indicar que el draft llevaría a Romero a la NBA, el baloncestista criollo se lesionó. Una rotura del ligamento interno cruzado de una de sus rodillas le apeó del draft y convirtió su sueño en una pequeña pesadilla.

Ya en su trayectoria triunfal en la NCAA había tenido pequeñas lesiones y un serio disgusto, pero nada como esta traca final. Y es que en el año 2002 el jugador nacido en Barcelona (Venezuela) pasó el mal trago de verse acusado, mediante un correo electrónico anónimo enviado a la universidad, por haber participado en la liga profesional de su país, lo que le ocasionó la pérdida de la beca.

Los periódicos venezolanos del momento no podían disimular su indignación. El diario caraqueño Últimas Noticias aseguraba que la última vez que Romero había jugado en la liga venezolana había sido a los 19 años, en 1999, antes de recalar en la NCAA, recordaba que se trataba de una práctica muy extendida y arremetía contra el autor del correo asegurando que se trataba de una forma de actuar indigna.

Adiós a la NBA

Pero todo esto no fue nada comparado con el haber quedado fuera del draft, apeado de la posibilidad de entrar en la NBA. Menos mal que el jugador pudo acomodarse en otro sitio, lo que no fue fácil. Para ello tuvo que viajar a Israel recordando el primer vuelo transoceánico que hizo. Fue a Portugal, cuando era un chaval flacucho en edad juvenil. Por primera vez Héctor vio el Atlántico desde el aire. Iba a disputar el Mundial Juvenil.

Esta vez el viaje fue más allá de Portugal. Se atravesó Héctor ‘Pepito’ Romero medio mundo para disputar la liga de Israel con el Ramat Hasharon. Allí, el internacional criollo volvió a sentirse jugador.

Adorado por la afición, Romero se convirtió en la temporada 2004-2005 en el jugador más valioso de la liga israelí. Promedió 24,6 puntos y 10,2 rebotes. Míster Doble-Doble llegó a hacer un partido de 25 puntos y 25 rebotes.

Fue al final de esa temporada cuando en otra entrevista volvió a salir, ¡cómo no!, la eterna cantinela de la NBA. Tenía 25 años, una edad más que adecuada, aunque entonces se pronunció de forma cabal, con precaución, y con ese habla suya tan parsimoniosa afirmó a La Voz: “Yo no me veo en la NBA, quienes me ven son los otros: los scouts... a mí lo único que me gusta es jugar al baloncesto y, según ellos, dicen que juego bien”.

Su buena actuación en Israel le llevó a una de las ligas más competitivas del mundo, a la griega. Allí militó en el AEL Lerissa, equipo en el que terminó con unas estadísticas más que aceptables (13,8 puntos y 7,3 rebotes) y, lo que es más importante, con un peso notable en la mejora de una escuadra que con Romero pasó de estar en la zona más baja de la clasificación a vivir en la más absoluta de las tranquilidades. Pero su paso por la liga helena resultó efímero.

Corría el año 2006 y le llegó otra gran oportunidad que parecía encarrilarle hacia la mejor liga del mundo.

Otra vez con el caramelo en la boca

Más de lo mismo. Otra vez le pusieron el caramelo en la boca y no se lo pudo comer. Y como las desgracias no vienen solas... Fue aquel un verano lleno de esperanzas, pero aciago al fin y a la postre.

Participó en las Ligas de Verano de Las Vegas con Portland Trail Blazers, conjunto que se mostró sumamente interesado por hacerse con sus servicios. Incluso, en su estancia en Estados Unidos le salió otra novia, los Bucks de Milwaukee. Su rendimiento en Las Vegas fue muy bueno, los rumores sobre Romero se intensificaron y los Blazers le extendieron la invitación para que fuera a un campo de entrenamiento.

Luchaba ya entonces Romero por convertirse en un 3, ya que su altura –2,02- le limitaba bastante para jugar en la NBA como 4, si bien siempre había sido en esta posición en la que mejor había rendido.

El verano iba a resultar excitante. Posibilidades de ir a la NBA y participación con su selección en el Mundial de Japón. Pero al final no logró ni lo uno ni lo otro. Los intensos rumores no llegaron a cuajar en una oferta firme y, para mayor desgracia, Romero sufrió una luxación en el codo que le dejó fuera del Mundial de Japón que acabaría ganando España, país en el que acabaría jugando poco después.

En España e Italia

Tras la gran desilusión del verano de 2006, ‘Pepito’ fue fichado por el Polaris World de Murcia, de la Liga ACB española. La temporada ya estaba muy avanzada y el jugador venezolano llegó a Murcia para sustituir a un ex NBA, Marcus Fizer, con el objetivo de ayudar a que los murcianos salvaran la categoría.

Lo logró. El Polaris World salvó el cuello en los últimos partidos de la temporada y no descendió, aunque la participación de Héctor Romero resultó más bien escasa. Sus números lo dicen todo: 6,3 puntos y 3,3 rebotes por partido.

Sin embargo, la carrera del internacional vinotinto en Europa iba a seguir viento en popa a juzgar por los equipos que se interesaron por él y por la liga en la que recaló, la Lega A de Italia.

A mediados de 2007 se le veía feliz. Acababa de fichar por el Legea Scafati, ciudad ésta cercana a Nápoles. Desde su nueva casa, próxima a las ruinas de Pompeya, podía ver al fondo el imponente Vesubio. En su garaje tenía aparcado un Alfa Romeo, que para eso vivía en Italia. La vida sonreía a Romero, que jugó 5 meses en el equipo con medias de 13 puntos y 6,9 rebotes en 26,9 minutos de juego. Y no dejó de hacerlo, porque esta vez la temporalidad fue un regalo de Dios, ya que detrás del Scafati estaba un equipo de ensueño, el Montepaschi de Siena, conjunto por el que fichó en diciembre de 2007.

A partir de ahí el sueño de Romero, a nivel colectivo, se cumple. Acompañado de jugadores como Lavrinovic, Kaukenas, Sato o Ilievski, entre otros, el baloncestista venezolano gana la liga italiana y alcanza la Final Four de la Euroliga. Una temporada triunfal. Pero su aportación individual pasa bastante desapercibida (4,8 puntos y 2,2 rebotes en 9,5 minutos de juego por encuentro).

¿De regreso a América?

Tras convertirse en el tercer jugador venezolano que ha militado en la liga italiana (después de Alexander Nelcha y el ex NBA Óscar Torres), Romero medita su futuro. Todo parece indicar que podría comprometerse en los próximos días con el Marinos de Anzoátegui en lo que sería un nuevo regreso a su hogar, aunque habrá que esperar.

Por de pronto ha renunciado a la selección vinotinta, motivo por el cual no está disputando el Campeonato Sudamericano de Chile, que se inició el 1 de julio. El jugador se mostró muy sincero, y a la hora de la renuncia dijo que “la verdad es que estoy agotado y no me encuentro en condiciones óptimas como para afrontar el ritmo de los entrenamientos y luego el torneo con el equipo”.

Ahora se le abre, según se dice, la posibilidad de asistir a un campo de entrenamiento de la NBA, esta vez con los Memphis Grizzlies (tiempo antes probó también con los Cavaliers).

Pero ahora, a los 28 años, el tren de la NBA parece haber pasado ya por la puerta de ‘Pepito’, aunque como él bien dijo hace algo menos de 1 año emborrachándose de esperanza... “puede haber sorpresas”. Lo que sí es seguro es que pase lo que pase la fanaticada seguirá adorándolo.

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