¿Dónde está el techo de Antetokounmpo?

El fenómeno griego de los Bucks no para de mejorar y ya está en la elite NBA

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Hasta hace poco tiempo Giannis Antetokounmpo seguía creciendo en lo físico. Desde que llegó a la NBA su estatura aumentó, y no pocos centímetros, pero más allá de ese condicionante corpóreo, lo que no ha parado de crecer, y a pasos agigantados, es su juego. Eso sí, sin prisa. Año a año. Sin pausa también. Con registros crecientes en todas las facetas del juego hasta convertirse ya en un jugador dominante en la mejor liga del mundo con solo 22 años. Porque 'The Greek Freak' ya está en la superelite de la NBA.

Todas las miradas de este fantástico inicio de temporada se han posado en Russell Westbrook y James Harden. En menor medida en Anthony Davis, especialmente en los primeros días. También mucho en Kevin Durant y sus Warriors imparables. Algo menos en los vigentes campeones con LeBron James al frente... Pero si hay una auténtica revolución en la liga, junto a la revolución Westbrook, esa está protagonizada por Antetokounmpo, cuyo apellido es tan largo como sus extremidades y su juego.

Antetokounmpo no es un jugador al uso. Es Magic Johnson pasado por el siglo XXI. Es decir, Magic Johnson pudiendo jugar de cualquier cosa: de base, de escolta, de alero, de interior... a mayor velocidad de crucero y a la espera todavía de pulir su talento en apariencia inagotable.

Sus números ya asustan en un equipo que mejora. Milwaukee está con 16 victorias y 16 derrotas y Antetokounmpo lidera a su escuadra en puntos, rebotes, tapones, asistencias y robos. ¡Ningún jugador actual de la NBA es capaz de liderar a su equipo en las 5 facetas principales del juego! Giannis sí. Promedia el ateniense 23,8 puntos, 8,9 rebotes, 2 tapones, 5,9 asistencias y 2 robos. ¡Y juega como base a todos los efectos midiendo 2,11! Es simplemente distinto, otro concepto de jugador de baloncesto, un ser insólito.

Mejorando sin parar

Las cifras, otra vez los números, nos hablan de un jugador que no ha dado un paso atrás en los 4 años que lleva en la NBA. ¡Ha mejorado sus estadísticas año a año en las 5 facetas del juego antes mencionadas!

Evolución en puntos: 6,9 (novato), 12,7 (2º año), 16,9 (3º) y 23,8 en la actual campaña. Evolución en rebotes: 4,4/6,7/7,7/8,9. Evolución en tapones: 0,8/1/1,4/2. Evolución en asistencias: 1,9/2,6/4,3/5,9. Evolución en robos: 0,8/0,9/1,2/2. Habría que bucear mucho para encontrar algo igual. Es el universo ilimitado de un jugador extraordinario que solo tiene 22 años.

Los genes nigerianos del jugador griego juegan a su favor: padre futbolista, madre saltadora de altura, físico portentoso importado de África. Pero también su entorno. Juega en Milwaukee a las órdenes de Jason Kidd, uno de los grandes bases de la historia del baloncesto. Por lo tanto, su crecimiento como base de 2,11 -o lo que es lo mismo, como base imposible- se va haciendo posible paso a paso, bajo la sabia manija de un profundo conocedor del puesto de base y de un paciente observador de la fisonomía del baloncesto en su concepción global.

Mejorar el tiro exterior

Estamos ante un caso parecido al de Dirk Nowitzki. En el sentido de que tenemos a un joven por pulir que pasa de la segunda división de su país -en este caso griega, alemana en el de Dirk- a la NBA sin ninguna escala intermedia. También el bávaro no pudo explotar en Estados Unidos como novato, sino que protagonizó un buen segundo año y creció ya hasta un gran nivel en el tercero. Sin prisas pero sin pausa, desde la extravagancia que suponía la llegada de un jugador blanco europeo que medía 2,13 y ejercía de tirador, a la par que se movía con gran facilidad por la cancha.

Antetokounmpo carece del tiro exterior de Nowitzki -es el punto débil del jugador griego-, pero tiene un juego mucho más completo que el alemán. Hace más cosas. Y el tiro es un elemento que se puede mejorar mucho con la perseverancia y la paciencia.

Lo cierto es que el juego de la estrella de los Bucks maravilla ya. Sorprende. Es un soplo de aire fresco porque supone la aparición de un jugador distinto, sin precedentes en muchos aspectos. Ver a un tipo de 2,11 jugar de base con éxito y desparpajo resulta maravilloso. Antes, hubiéramos pensado que era algo temerario. De hecho, ver jugar de base a Magic Johnson con 2,05 en los años 80 fue ya un deleite sin parangón porque era un jugador que ofrecía algo totalmente inédito. Elevar ese punto al 2,11 de Antetokounmpo lleva el reto hasta un límite impensable.

Este chico atraviesa corriendo la cancha con 9 zancadas con su 2,24 de envergadura botando la bola con una naturalidad desbordante, hace un reverso, amaga bajo el aro, da un pase de fantasía, anota ante cualquier torre en la zona, sabe jugar de espaldas al aro, tiene un notable manejo del balón, se cuelga salvajemente si la ocasión lo requiere, roba un balón extendiendo sus tentáculos, sabe bascular en defensa ofreciendo ayudas, pone un tapón al más pintado, entiende el juego como un valor colectivo... el día que mejore su tiro exterior será simplemente un dios imparable. Solo las lesiones pueden parar esta ensoñación llamada Giannis Antetokounmpo.