La Cuba de Fidel Castro y la NBA

Shaquille O'Neal fue hace unos meses el último embajador de la NBA en Cuba

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Fidel Castro posa en 1959 con los jugadores de béisbol de Minneapolis Millers
Fidel Castro posa en 1959 con los jugadores de béisbol de Minneapolis Millers (The Rucker Archive/Icon Sportswire)

Fidel Castro amaba el deporte. El líder de la Revolución Cubana, fallecido el 25 de noviembre a los 90 años de edad, era un auténtico fanático -e incluso llegó a practicarlas- de disciplinas como el baloncesto o el béisbol. También le dio al balompié en la escuela, pero su fuerte físico le acercaba más a las canchas de basket o al diamante pelotero.

Y, pese a que confesaba que muchos visitantes extranjeros le obsequiaban objetos relacionados con el béisbol por su reconocida afición, no fueron pocas las ocasiones en que el presidente cubano -hasta 2006, en que cedió el poder a su hermano Raúl- se saltó el protocolo para tomar un balón y lanzar a canasta.

Lo hizo en Chile, durante una visita oficial al país en 1971. Lo hizo también en Cuba, cuando la selección española se entrenaba en una escala previa para el Mundial de Puerto Rico (1974) y jugó un 'dos contra dos', en el que también participó el entonces técnico nacional español Antonio Díaz Miguel.

Por eso, no es de extrañar que la NBA enviara a la isla embajadores muy especiales como parte de la reciente política de acercamiento entre Estados Unidos y Cuba tras medio siglo de ausencia de relaciones diplomáticas.

Nash, Mutombo... y Shaq

En 2015 fueron el canadiense Steve Nash, el congoleño Dikembe Mutombo y la portuguesa Ticha Penicheiro quienes compartieron pista con las selecciones masculina y femenina de Cuba en la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte Manuel Fajardo, de La Habana.

Los tres exprofesionales de la NBA y la WNBA impartieron clases técnicas y pudieron conocer de primera mano el nivel de los equipos senior y junior de la isla.

Pero, sin duda, el gran desembarco mediático tuvo lugar este año. Ya no era solo la NBA, sino el Departamento de Estado de Estados Unidos, quien mandaba una misión oficial muy especial, con alguien con mucho peso al frente. Dentro de su programa “Sports Envoys”, elegía nada menos que al gigante Shaquille O'Neal, todo un referente deportivo -ganador de cuatro anillos, tres con los Lakers y uno con los Heat- y patriótico -por su pasado militar-, como bandera de acercamiento entre ambos países.

O'Neal en La Habana

En junio de 2016, 'Shaq' llegó a La Habana y jugó al baloncesto en la calle con chavales cubanos. A algunos, a la hora de entrar a canasta en 'uno contra uno', les intimidaban sus 2,16 metros y sus muchos kilos de más tras abandonar la competición. Otros, en cambio, exhibían ante él sus fundamentos técnicos y lograban encestar. E, incluso, alguno, como un tal Jordan David, a sus 15 años y pívot como O'Neal, confesaba a la prensa local que su sueño era llegar a la NBA.

En esa gira de 4 días, que compartió con Kaleb Canales, el técnico de origen mexicano asistente de los Mavericks, Shaquille O'Neal repartió buen humor, hizo temblar algún que otro tablero, como en sus mejores tiempos en el baloncesto profesional, y por supuesto lanzó sus penosísimos tiros libres, pero sobre todo trasladó el mensaje de la importancia del deporte para la inclusión social.

También, por supuesto, tuvo tiempo para bailar, pero eso ya está fuera del deporte. Al parecer, el viaje le impactó tanto que, a la conclusión del mismo y en un vídeo promocional del Departamento de Estado, 'Shaq' se atreve con un “Cuba, te amo” en español y promete aprender más de esta lengua para su próxima visita.

La Revolución y el deporte

Cuba se convirtió en una potencia mundial tras el triunfo de la Revolución de 1959, que derrocó a Fulgencio Batista, a partir, precisamente, del fomento de la práctica deportiva que Fidel Castro implementó en las escuelas, hasta el punto de que entre los Juegos Olímpicos de Roma 1960 y los de Río 2016 los deportistas de la isla lograron 207 medallas -72 de oro, 65 de plata y 70 de bronce-.

La contrapartida fue, sin duda, la utilización de las figuras como propaganda del régimen.

La falta de perspectivas profesionales para muchas de ellas impulsó las deserciones, uno de los puntos negros en la relación de Castro con el deporte. Y los baloncestistas no fueron una excepción.

Si bien el caso más sonado fue en 1993 el de Andrés Guibert, primer cubano que jugó en la NBA, siguen dándose situaciones en las que los deportistas escogen las giras de sus equipos por algún país foráneo como momento para pedir asilo político, incluso después de que Cuba eliminase en 2013 las barreras legales para viajar al extranjero.

A Guibert solo le sucedió Lázaro Borrell, que disputó 17 partidos con Seattle en la temporada 1999-2000, también tras fugarse de la isla. Quién sabe si Jordan David podría convertirse en el tercer jugador cubano en la máxima competición profesional de baloncesto del mundo sin arriesgar su futuro en la isla...