ANÁLISIS

Denver Nuggets, el candidato sin estrella

El equipo de George Karl sigue creciendo

Ángel Mustienes |

He de reconocer que George Karl siempre me cayó bien. Su forma de ver el baloncesto y, sobre todo, su apertura al mundo nada tenían que ver hace ya bastantes años con las visiones de muchos de sus colegas en la NBA. Y fruto de ese modo diferente de sentir son sus Nuggets. Un equipo diferente.

Tan diferente como el propio Karl y el general manager del equipo, Masai Ujiri, ese extraño general manager de nombre y apellido exóticos, ese hombre de despacho escasamente mediático pero tremendamente efectivo, ese directivo tan atípico como lo es la plantilla que ha configurado. Porque cabe recordar que Ujiri, nacido en Nigeria, es el primer general manager de origen africano en las 4 grandes ligas profesionales de Estados Unidos.

Junto a ellos, el que hace posible todo, Stanley Kroenke, el multimillonario propietario de los Nuggets, habitual de la lista Forbes, que tampoco es un propietario al uso, porque 'Stan', como es conocido, es un especialista en franquicias deportivas. En su poder, Denver Nuggets (NBA), Colorado Avalanche (NHL), Saint Louis Rams (NFL), Colorado Rapids (fútbol)... y desembarco en el fútbol europeo de la mano del Arsenal. Algo debe de saber de esto.

Pues bien, Karl, ese técnico atípico, Ujiri, ese directivo bizarro, y Kroenke, ese propietario hiperactivo, empiezan a hacer realidad el proyecto que concibieron y, de paso, empiezan a hacer un poco de historia. La radicalidad de su propuesta no es otra que configurar un proyecto aspirante al anillo, aunque no sea en primera línea, sin un jugador franquicia en sus filas.

Lo de Denver es otra cosa. Un proyecto con aire diferente. Más creativo. Más arriesgado. Más a contracorriente. Parece más una apuesta FIBA (Karl es un enamorado del baloncesto europeo). Más concretamente, una apuesta cuyo espejo es la actual Euroliga, plagada de equipos de rotaciones interminables en los que se comparte el baloncesto para ganar. Porque la plantilla de los Nuggets es larguísima, equilibrada y amoldada perfectamente al proyecto original, al baloncesto de Karl.

Denver no cuenta al frente de sus operaciones con un LeBron James, un Kobe Bryant, un Kevin Durant o un Carmelo Anthony. Pero tampoco dispone de un James Harden, un Blake Griffin, un Deron Williams o un Paul Pierce. El equipo de Colorado agolpa en sus filas talento, reúne en su vestuario a grandes jugadores cuyo ego, aun existiendo, no es superlativo. Y el poco despilfarro mental que pueda existir en el plantel ya se está encargando el entrenador de reconducirlo a su manera. No hace falta decir nombres.

En definitiva, tenemos un equipo que mezcla juventud, mucha juventud, con madurez y experiencia, que tiene muchos jóvenes, pero cuyos jugadores más importantes se mueven ya con un buen bagaje anterior. Tenemos un equipo que cuida todas sus posiciones. Tal vez no tenga escoltas, pero es que no los necesita. Y tenemos un equipo con un estilo de juego muy, pero que muy definido. Con todos esos mimbres, Denver acumula 13 victorias consecutivas, está ya en un 47-22 durante la temporada, ha convertido el Pepsi Center en un fortín y anda peleando en lo más alto de la tabla clasificatoria del Oeste. Todo ello en silencio, como el que no quiere la cosa. Sólo este fantástico 13-0 en los últimos 13 encuentros ha rescatado a la escuadra de Colorado de un cierto anonimato.

La plantilla y sus datos, una pista clara

Los Nuggets han sido capaces de ganar a esta altura de la temporada en Chicago y Oklahoma City mediando sólo 24 horas entre ambos partidos. Eso dice mucho de la fortaleza física y mental de una escuadra que es la tercera más anotadora de la competición (106,1 puntos por partido), la que más puntos mete, con mucha diferencia, en la pintura y una de las que más daño hace a los rivales al contraataque, lo que requiere aspectos cruciales que no son precisamente ofensivos, como buena defensa y buen rebote defensivo.

Estamos ante un plantel fantástico que esconde algunos datos curiosos. Por ejemplo, Denver es el tercer equipo más alto de la NBA, con pocos hombres por debajo de 2 metros, pero es el vigésimo segundo en cuanto a peso corporal. Eso tal vez explique la perfecta relación a la hora de correr, porque éste es un equipo que corre mucho, que es una verdadera máquina en campo abierto. Además, Denver es el cuarto equipo más joven (24,9 años), lo que carga de futuro este proyecto Karl-Ujiri. Y se encuentra a mitad de tabla en cuanto a salarios medios, lo que le da todavía un margen de tranquilidad a los despachos, que ya habrá tiempo para empezar a lastrarse económicamente.

Lo cierto es que la franquicia de Colorado ha logrado atesorar calidad en todas las posiciones de su plantilla. Su pareja de bases, Ty Lawson-Andre Miller, es fantástica y tremendamente complementaria. Lawson está haciendo un temporadón y Miller completa desde la segunda unidad un trabajo absolutamente imprescindible, dando cohesión al juego del equipo. Sus aleros son formidables. Hablar, por ejemplo, de Andre Iguodala, Danilo Gallinari, Wilson Chandler o Corey Brewer es hablar de jugadores completamente consolidados, cada uno a su nivel, claro. Y sus hombres altos representan una marca de futuro, aunque en algunos casos sea incierto. Kenneth Faried es pura energía contagiosa, el jugador que todos los entrenadores quisieran tener en su equipo… JaVale McGee es una bestia física a la que Karl está intentando domar, lo que no parece fácil, y Kosta Koufos y Timofey Mozgov rezuman calidad, pero poco brío. Nada que ver con Faried. Eso sí, mientras el ruso sigue sin despegar, Koufos ya empieza a ser ese jugador que apuntaba en su más tierna juventud. Últimamente está rindiendo a gran altura.

Tantos elementos aportando no los tiene ningún equipo de la NBA. Denver cuenta con 6 jugadores por encima de los 10 puntos de media (Lawson y Gallinari, sus mejores anotadores, apenas pasan de los 16) y a otros 3 muy cerca de la decena. Y ninguno de estos 9 jugadores que anotan con fluidez baja de los 18 minutos jugados por partido. Es la socialización pura y dura, cuyo espejo más claro es el baloncesto europeo.

Este baloncesto atlético, físico, rápido, de contraataque, de penetraciones, de cercanía al aro, de anotar sin descanso, de calidad... no está exento de defensa. Para poder jugar a lo que quiere Karl hay que defender. Que a nadie le engañen los más de 100 puntos encajados por el equipo. Hablar de Andre Miller, de Andre Iguodala, de Kenneth Faried o de JaVale McGee no es hablar precisamente de debilidad defensiva. Por eso, cuando el equipo lo ha requerido ha ganado secando salvajemente la ofensiva del rival.

Por el momento, la temporada regular del equipo está siendo brillante. Pero ahora habrá que rematar, y eso no es fácil. Denver Nuggets va a estar en playoffs. En las últimas 3 temporadas el equipo cayó en primera ronda, aunque el año pasado fuera por un apretado 4-3 ante Lakers. Lo cierto es que el objetivo es superar esa primera ronda para luchar de verdad, aunque sea aún de lejos, por el anillo. Pero este equipo es muy joven y su crecimiento hace sospechar que, si no se desintegra, está llamado a hacer cosas muy serias. Y a hacerlo desde la más completa heterodoxia NBA.